Humillados y ofendidos
Humillados y ofendidos Pero, en cuanto volví al apartamento, empezó a darme vueltas la cabeza y caí redondo al suelo en mitad del apartamento. Sólo recuerdo el grito de Yelena: juntó las manos, asustada, y acudió corriendo a sujetarme. Ése es el último instante que conservo en mi memoria…
