Humillados y ofendidos
Humillados y ofendidos Ya hacĂa rato que habĂa oscurecido y habĂa caĂdo la noche cuando despertĂ© de una tĂ©trica pesadilla y volvĂ a la realidad.
—Nellie —dije—, ya sĂ© que estás enferma y muy alterada, pero tengo que dejarte aquĂ sola, intranquila y llorando. PerdĂłname, tesoro, pero ten presente que hay otro ser querido al que tampoco han perdonado, una mujer que se siente infeliz, ofendida y abandonada. Me está esperando. Estoy tan impresionado despuĂ©s de haber oĂdo tu historia que me siento incapaz de aguantar sin ir a verla ahora mismo, inmediatamente…
No sĂ© si Nellie comprendiĂł todo lo que le dije. Me sentĂa agitado a raĂz del relato y de la reciente enfermedad, pero corrĂ a ver a Natasha. Era ya tarde cuando lleguĂ© allĂ, a eso de las nueve.
