Humillados y ofendidos
Humillados y ofendidos Me apresuré a volver a casa: las palabras de Maslobóiev me habÃan afectado mucho. Sabe Dios lo que se me pasó por la cabeza… Pero en casa, como hecho a propósito, me esperaba algo que me sacudió como la descarga de un aparato eléctrico.
Justo enfrente del portal del edificio donde residÃa habÃa una farola. Acababa yo de llegar al portal, cuando de pronto se abalanzó sobre mà desde esa farola una extraña figura, que me hizo soltar un grito. Era una criatura asustada, temblorosa, trastornada que, dando un chillido, me agarró de los brazos. Me llevé un susto de muerte. ¡Era Nellie!
—¡Nellie! ¿Qué ocurre? —exclamé—. ¿Qué haces aqu�
—Arriba… Ha venido… Está en casa…
—¿Quién? Vamos, ven conmigo.
—¡No quiero! ¡No quiero! Esperaré a que se vaya… en el rellano… No quiero.
Subà a casa con un extraño presentimiento, abrà la puerta y vi allà al prÃncipe. Estaba sentado a la mesa leyendo una novela. Al menos, tenÃa delante un libro abierto.
