Humillados y ofendidos
Humillados y ofendidos —¿Sabe? —me dijo el prÃncipe, acomodándose a mi lado en el coche—, ¿qué le parece si vamos a cenar? ¿Qué me dice?
—La verdad, prÃncipe, no sé… —le respondà indeciso—. Yo es que nunca ceno…
—Bueno, naturalmente, también hay cosas de que hablar durante la cena —añadió, mirándome fijamente a los ojos, con una expresión maliciosa.
¡No habÃa ninguna duda! «Quiere explicarse —pensé—, y eso es justo lo que necesito». Acepté su propuesta.
—Hecho. A la Bolshaia Morskaia, al restaurante B.
—¿A un restaurante? —pregunté, algo turbado.
—SÃ. ¿Qué problema hay? Raras veces ceno en casa. ConfÃo en que me permita invitarle.
—Pero ya le he dicho que nunca ceno.
—Por una vez, qué más da. Además, soy yo quien invita…
