Humillados y ofendidos
Humillados y ofendidos —Pues a mà me gusta hablar de mujeres en la cena. Después de cenar, podrÃa presentarle a una tal mademoiselle Phileberte, ¿eh? ¿Qué me dice? No quiere usted ni mirarme… ¡hum! —Se quedó pensativo. Pero de pronto levantó la cabeza, me dirigió una mirada que parecÃa querer decir algo y prosiguió—: Verá, poeta mÃo, quiero revelarle un secreto de la naturaleza que usted, al parecer, desconoce por completo. Estoy convencido de que en estos momentos usted me considera un pecador, tal vez un canalla, un monstruo del vicio y la depravación. Pues ¡escuche lo que le voy a decir! Si fuera posible (aunque es algo que jamás ocurrirá, dada la naturaleza humana), si fuera posible que cada uno de nosotros revelara sus secretos más Ãntimos, sin miedo a confesar no sólo aquello que le da miedo decir y que jamás admitirÃa en público, no sólo aquello que no se atreve a manifestar ante sus mejores amigos, sino incluso aquello que ni siquiera se atreve a confesarse a sà mismo, entonces se extenderÃa tal hedor que el mundo se volverÃa irrespirable. De ahÃ, dicho sea de paso, la conveniencia de las reglas de urbanidad y del decoro. Tienen un profundo sentido, no diré para la moral, pero sà para nuestra preservación y bienestar. Lo cual, desde luego, es preferible, porque en el fondo la moral equivale al bienestar; quiero decir que la moral se ha inventado únicamente para contribuir al bienestar. Pero ya hablaremos del decoro, ahora me estoy apartando del tema; no deje de recordármelo más tarde. En conclusión: usted me considera un depravado, un vicioso, un inmoral, pero la verdad es que, si soy culpable de algo, es de ser más sincero que los demás, eso es todo… Soy culpable de no disimular lo que los demás ocultan y se niegan a mirar, como ya le he dicho… Tal vez sea algo horrible, pero ahora mismo eso es lo que deseo. No se preocupe —añadió con una sonrisa burlona—, he hablado de culpas, pero no pienso pedir perdón. FÃjese en otra cosa: no trato de ponerle en un aprieto, no le estoy preguntando si tiene usted sus propios secretos que ocultar, para poder asà justificarme… Prefiero actuar con nobleza y decencia. Yo siempre me porto como un caballero…