Humillados y ofendidos

Humillados y ofendidos

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Natasha se levantó como si la hubieran pinchado. Por fin le había entendido.

—¡Váyase! ¡Váyase ahora mismo! —gritó.

—Pero tenga presente, amiga mía, que el conde también puede servirle de ayuda a su padre…

—Mi padre nunca aceptará nada que venga de usted. ¡Déjeme de una vez! —volvió a gritar Natasha.

—¡Ay Dios, qué impaciente y qué desconfiada es usted! No me merezco este trato… —exclamó el príncipe, mirando en torno suyo con cierta inquietud—. En cualquier caso, permítame —prosiguió, sacándose un paquete del bolsillo— que le deje esta prueba de mi afecto y, en particular, del afecto del conde N., que ha sido quien me lo ha sugerido. Hay aquí diez mil rublos. Aguarde, amiga mía —se apresuró a añadir, viendo que Natasha se levantaba de su sitio, hecha una furia—, escuche con paciencia lo que le voy a decir: como usted sabe, su padre ha perdido el pleito que había entablado contra mí, y estos diez mil rublos pueden servir como compensación, la cual…

—¡Fuera! —gritó Natasha—. ¡Aparte ese dinero de mi vista! Ya veo yo lo que pretende… ¡Miserable, miserable, miserable!

El príncipe se levantó de su asiento, pálido de rabia.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker