Humillados y ofendidos
Humillados y ofendidos Cuando regresábamos del entierro de Nellie, Natasha y yo nos dirigimos al jardÃn. Era un dÃa caluroso y soleado. Faltaba una semana para su partida. Natasha me dirigió una larga y extraña mirada.
—Vania —me dijo—. ¡Vania, todo esto ha sido un sueño!
—¿Qué es lo que ha sido un sueño? —pregunté.
—Todo, todo —me respondió—, todo lo que ha pasado en este último año. Vania, ¿por qué habré destruido tu felicidad?
Y en sus ojos leÃ: «¡Juntos podrÃamos haber sido eternamente felices!».