La mansa
La mansa Paso a ocuparme ahora de ese recuerdo terrible…
Me desperté a eso de las ocho, si no recuerdo mal; la luz de la mañana entraba ya en la habitación. Me desperté de golpe, con plena conciencia, y abrí enseguida los ojos. Ella estaba junto a la mesa y tenía el revólver entre las manos. No se dio cuenta de que me había despertado y la estaba mirando. De pronto vi que se acercaba hacia mí con el revólver. Me apresuré a cerrar los ojos y fingí que estaba profundamente dormido.
Llegó hasta la cama y se detuvo a mi lado. Yo lo oía todo; se había hecho un silencio de muerte, pero oía también ese silencio. En ese momento, sacudido por una especie de movimiento convulsivo, abrí los párpados en contra de mi voluntad, sin que pudiera hacer nada por evitarlo. Ella me miraba fijamente a los ojos y acercaba el revólver a mi sien. Nuestras miradas se encontraron, pero eso no duró más que un instante. Haciendo un esfuerzo, volví a cerrar los párpados y en ese momento decidí con toda mi alma que no volvería a moverme ni abriría los ojos, pasase lo que pasase.
