La mansa
La mansa Sucede a veces que un hombre profundamente dormido abre de pronto los ojos y hasta levanta por un segundo la cabeza y pasea la mirada por la habitación; al cabo de un momento, vuelve a apoyar la cabeza en la almohada, se queda otra vez dormido y no se acuerda luego de nada. Cuando, después de que nuestras miradas se encontraran y de sentir el revólver junto a mi sien, volví a cerrar los ojos y me quedé inmóvil, como si estuviera profundamente dormido, ella pudo suponer perfectamente que en verdad estaba dormido y que no había visto nada, tanto más cuanto que era de todo punto inverosímil que, en caso de haber visto lo que había visto, volviera a cerrar los ojos en un momento semejante.