La mansa
La mansa Lo único que recuerdo es que, cuando llegué al portal, aún estaba caliente. Pero lo peor es que todo el mundo me miraba. Al principio gritaban, pero de pronto callaron y me abrieron paso… Y fue entonces cuando la vi en el suelo, con el icono en las manos. Recuerdo de una manera muy confusa que me acerqué en silencio y pasé largo rato mirándola; todos me rodeaban y me decían algo. Lukeria también estaba allí, pero yo no la vi. Dice que habló conmigo. Solo recuerdo a un señor que no dejaba de gritarme: «¡Le ha salido un puñado de sangre por la boca! ¡Un puñado! ¡Un puñado!», y me mostraba la sangre sobre el pavimento. Creo recordar que toqué la sangre con el dedo, me lo manché y me quedé mirándolo (eso sí lo recuerdo), mientras ese hombre seguía diciendo: «¡Un puñado de sangre! ¡Un puñado!».
–¿Qué quiere decir con eso de un «puñado»? –vociferé con todas mis fuerzas (según me ha asegurado la gente) y me abalancé sobre él con los brazos en alto.
¡Ah, qué absurdo, qué absurdo! ¡No hay quien lo entienda! ¡Es inverosímil! ¡Imposible!