La mansa
La mansa –Ya ve usted, esa chica lo ha publicado hoy por la mañana y seguro que por la tarde ya ha encontrado colocación. ¡Asà es como hay que redactar los anuncios!
De nuevo se puso colorada, de nuevo sus ojos echaron chispas, se dio la vuelta y se marchó al punto. Esa actitud me gustó mucho. No obstante, yo ya estaba entonces seguro de todo y no tenÃa nada que temer: nadie iba a aceptar sus boquillas. Aunque la verdad es que ya andaba escasa hasta de boquillas. Asà pues, dos dÃas más tarde volvió a aparecer, muy pálida y agitada, y yo comprendà que le habÃa ocurrido algo en casa, como asà era. Enseguida contaré lo que pasó, pero primero quiero recordar cómo ese dÃa la deslumbré y me gané su estima. Y de pronto adopté esa resolución. El caso es que me trajo ese icono (se habÃa resignado a traerlo)… ¡Ah, oigan, oigan! Fue entonces cuando empezó todo, hasta aquà no he hecho más que embarullarme… Pero ahora quiero recordarlo todo, cada menudencia, cada detalle. Lo único que quiero es concentrar mis pensamientos en un punto, pero no lo consigo; y todos esos detalles, esos pequeños detalles…
