Los demonios
Los demonios Virguinski se marchó con Erkel. Éste, antes de dejar a Liamshin a cargo de Tolkachenko, se las habÃa arreglado para llevárselo a Piotr Stepánovich e informar de que Liamshin habÃa vuelto en sÃ, estaba arrepentido y pedÃa perdón, y ni siquiera recordaba lo que le habÃa pasado. Piotr Stepánovich se marchó solo, dando un rodeo por el otro lado de los estanques, bordeando el parque. Era el camino más largo. Para su sorpresa, Liputin lo alcanzó casi a mitad de camino.
—Piotr Stepánovich, ¡Liamshin nos va a denunciar!
—No. Cuando se recupere, caerá en la cuenta de que él serÃa el primero en ir a Siberia si nos denuncia. Ahora nadie nos va a denunciar. Ni siquiera usted.
—Y ¿usted?
—No dude de que me desharé de todos ustedes al primer amago de traición. Y usted lo sabe. ¿Ha venido corriendo dos verstas detrás de mà para eso?
—¡Piotr Stepánovich, Piotr Stepánovich, es posible que no volvamos a vernos!
—¿De dónde se ha sacado eso?
—DÃgame solo una cosa.
—Muy bien, ¿qué? Lo cierto es que estoy deseando que se largue.