Los demonios
Los demonios —Piotr Stepánovich, no son de fiar —declaró Erkel con decisión.
—¿Liputin?
—Todos, Piotr Stepánovich.
—Bobadas, ahora están todos atados por lo de ayer. Ninguno va a traicionarnos. ¿Quién, a menos que haya perdido el juicio, iba a afrontar una ruina segura?
—Pero es que van a perder el juicio, Piotr Stepánovich.
Esa idea, al parecer, ya se le habÃa pasado por la cabeza al propio Piotr Stepánovich, y por eso el comentario de Erkel le resultó aún más irritante.
—¿No estará usted asustado, Erkel? Yo confÃo en usted más que en ninguno de ellos. Ya he podido ver lo que vale cada cual. DÃgales todo de palabra hoy mismo; los dejo a todos a su cargo. Vaya a verlos esta misma mañana. Léales mis instrucciones escritas mañana o pasado, estando todos reunidos, cuando estén en condiciones de escuchar… pero, créame, mañana ya estarán en condiciones de escuchar, porque estarán muertos de miedo y se volverán dóciles como la cera… Lo más importante es que usted no se desanime.
—¡Ah, Piotr Stepánovich, serÃa mejor que usted no se fuera!
—Pero si solo son unos pocos dÃas; dentro de nada estoy de vuelta.