Los demonios
Los demonios Pero Lizaveta Nikoláievna defendÃa con entusiasmo su proyecto, a pesar de las dificultades y de su falta de pericia a la hora de explicarlo. «DeberÃa haber un solo tomo, y ni siquiera demasiado grueso», sostenÃa. Pero, incluso aunque fuera grueso, tenÃa que ser claro, porque lo más importante era el plan general y el sistema de presentación de los hechos. Desde luego, no se trataba de recopilarlo y publicarlo todo. Los decretos y disposiciones del gobierno, las regulaciones locales, las leyes, todos esos hechos, por importantes que fueran, podÃan perfectamente quedar al margen de una publicación como aquélla. Se podrÃan omitir muchas cuestiones, seleccionándose aquellos acontecimientos que reflejaran, mejor o peor, la vida moral del pueblo, la personalidad del pueblo ruso en el momento presente. Naturalmente, todo tenÃa cabida: curiosidades, incendios, suscripciones públicas, toda clase de acciones, buenas y malas, toda suerte de declaraciones y discursos, tal vez hasta noticias de inundaciones o incluso determinados decretos gubernamentales, pero únicamente en la medida en que sirvieran para caracterizar la época; todo se presentarÃa de acuerdo con un determinado punto de vista, con una intención, un propósito, una idea que esclareciera el conjunto, la totalidad de la compilación. Y, por último, el libro deberÃa resultar interesante incluso como lectura ligera, más allá de que fuera imprescindible como obra de referencia. SerÃa, por asà decir, un cuadro de la vida espiritual, moral, Ãntima, de Rusia durante todo un año.