Los hermanos Karamazov
Los hermanos Karamazov —Yo sospecho que... Le advierto que le hablo como una madre... No, no; todo lo contrario: le hablo como una hija, pues una madre no pinta nada aquí... Mejor dicho, le hablo como le hablaría al starets Zósimo en confesión. La comparación es exacta, ya que acabo de llamarle asceta... Pues bien, he aquí que ese pobre muchacho... ¡Ah, no puedo enojarme con él!... En fin, en una palabra, ese atolondrado creyó..., por lo menos así me parece..., enamorarse de mí. Yo no me di cuenta de ello hasta algún tiempo después, hasta hace un mes aproximadamente. Entonces fue cuando empezó a visitarme con frecuencia. Antes ya nos conocíamos. Total, que yo no sospechaba nada, y de pronto tuve como un relámpago de clarividencia... Ya sabe usted que hace unos dos meses empecé a recibir en mi casa a Piotr Ilitch Perkhotine, ese hombre joven, cortés y modesto que es funcionario y desempeña su cargo en nuestra localidad. Usted se ha encontrado con él más de una vez. ¿Verdad que es un hombre inteligente y que va siempre bien vestido? A mí me encanta la juventud, Aliocha, cuando en ella se reúnen las dos cualidades de talento y modestia, como en usted... Perkhotine es poco menos que un hombre de Estado; hay que ver cómo habla. Lo recomendaría a cualquiera sin vacilar. Es un futuro diplomático. Aquel fatidico día casi me salvó la vida al venir a verme por la noche. En cambio, Rakitine va siempre arrastrando sus pesados zapatos por las alfombras... Bueno, el caso es que un día empezó a hacer ciertas alusiones. Una vez, mientras charlábamos, me apretó la mano con fuerza. Desde entonces tengo el pie malo. Ya se había encontrado con Piotr Ilitch én mi casa, y siempre, no sé por qué, sin motivo alguno, hablaba mal de él, lo censuraba implacablemente. Yo me limitaba a observarlos a los dos, riendo para mis adentros y preguntándome cómo terminaría la cosa. Un día en que me hallaba sola, más que sentada, echada, Mikhail Ivanovitch vino a verme, ¿y sabe usted lo que me trajo? Unos versos. Eran muy cortos y se referían a la enfermedad de mi pie. Escuche... ¿Cómo eran?... Me parece que...