Los hermanos Karamazov
Los hermanos Karamazov Al llegar a este punto, creo necesario, aunque no soy médico, dar algunas explicaciones sobre la enfermedad de Iván, Fiodorovitch. Digamos ante todo que estaba en vÃsperas de un grave trastorno mental: el mal acabó por imponerse a su organismo debilitado. Aun sin conocer los secretos de la medicina, me atrevo a exponer la hipótesis de que, mediante un extraordinario esfuerzo de voluntad, habÃa conseguido retrasar la explosión del mal, con la esperanza, desde luego, de vencerlo definitivamente. SabÃa que estaba enfermo, pero no querÃa entregarse a su enfermedad en aquellos dÃas decisivos en que debÃa obrar y hablar resueltamente,
«justificándose a sus propios ojos». HabÃa visitado al médico traÃdo de Moscú por Catalina Ivanovna. Éste, después de escucharlo y reconocerlo, diagnosticó un trastorno cerebral, y no se sorprendió de cierta confesión que el paciente le hizo contra su voluntad.
—Las alucinaciones —dijo el doctor— son muy posibles en su estado, pero hay que controlarlas. Además, debe cuidarse mucho. De lo contrario, se agravará.
Pero Iván Fiodorovitch desoyó este prudente consejo. «TodavÃa tengo fuerzas para andar —se dijo—. Cuando caiga, que me cuide quien quiera.»
