Los hermanos Karamazov
Los hermanos Karamazov —Tienen ustedes razón: he mentido, faltando a mi honor y a mi conciencia. He obrado asà porque querÃa salvarlo, y querÃa salvarlo porque me odiaba y me despreciaba. SÃ, me despreciaba; me despreció siempre, desde que me incliné ante él para darle las gracias por el dinero que me entregó. Me di cuenta de ese desprecio en seguida, pero tardé mucho tiempo en convencerme. ¡Cuántas veces he leÃdo en sus ojos estas frase: «Viniste en persona a mi casa»! No me comprendió, no fue capaz de deducir por qué fui a verlo. En su mente sólo cabe la vileza. Juzga a los demás a través de sà mismo...
Katia habÃa llegado al colmo de la exaltación. La ira la cegaba.
—QuerÃa casarse conmigo —siguió diciendo— por el dinero, sólo por el dinero. Es un desalmado. Estaba seguro de que siempre, durante toda mi vida, me sentirÃa avergonzada ante él, y él podrÃa manejarme a su antojo. Por eso querÃa casarse conmigo. Les estoy diciendo la pura verdad. Intenté vencerlo a fuerza de cariño, incluso estaba dispuesta a olvidar su traición; pero él no me comprendió, no comprendÃa nada. Es un monstruo. Recibà su carta al dÃa siguiente por la tarde; hasta entonces no me la trajeron de la taberna. Pues bien, aquella misma mañana estaba dispuesta a perdonárselo todo, ¡incluso su traición!