Los hermanos Karamazov
Los hermanos Karamazov Una pregunta la atormentaba. ¿HabÃa calumniado a Mitia al hablar del principio de sus relaciones con él? No, ella estaba convencida de que no mentÃa al decir que Dmitri la despreciaba por su profunda reverencia; creÃa sinceramente que Mitia la habÃa adorado hasta aquel momento y que después su adoración se habÃa convertido en burla y desprecio. Entonces se habÃa sentido ligada a él por un amor que tenÃa algo de vanidad herida y que se parecÃa mucho a la venganza. Tal vez este falso amor se habrÃa transformado en amor verdadero; tal vez Katia lo deseara; pero Mitia la habÃa herido profundamente con su traición, y el alma de Katia no era de las que perdonan. De súbito, habÃa llegado el momento de la venganza, y todo el rencor dolorosamente acumulado en el corazón de la mujer ofendida habÃa hecho explosión en un instante. Acusando a Mitia, se acusaba a sà misma. Cuando hubo terminado, perdió el dominio de sus nervios, y una profunda vergüenza la invadió. Hubo que sacarla de la sala, presa de un nuevo ataque de nervios. Mientras se la llevaban, Gruchegnka corrió hacia Mitia gritando. Fue tan rápida su carrera, que no la pudieron contener.
—¡Esa vÃbora lo ha perdido, Mitia! ¡Ya lo han visto ustedes! —exclamó, dirigiéndose al tribunal.
A una señal del presidente, la sujetaron y la condujeron hacia la puerta.