Los hermanos Karamazov
Los hermanos Karamazov »He dicho hace unos momentos que no comentaría las relaciones de mi cliente con la señorita Verkhovtsev. Sin embargo, puedo decir algo de este asunto. Hemos oído de sus labios no una declaración, sino el grito de una mujer exaltada que comete un acto de venganza. Esa mujer no tiene ningún derecho a acusar a mi cliente de traición, pues ha sido ella la que lo ha traicionado. Si hubiera podido reflexioilar, no habría hecho semejante declaración. No la creáis. Mi cliente no es un monstruo, como ella lo ha llamado. El Crucificado, que amaba a los hombres, dijo en las angustias de la Pasión: «Soy el Buen Pastor que da su vida por sus ovejas; ninguna perecerá». No perdamos a un alma humana. Me he preguntado qué es un buen padre y he respondido que esta expresión designa algo noble y magnífico. Pero hay que aplicar el calificativo con exactitud, señores del jurado; hay que llamar a las cosas por su verdadero nombre. Un padre como el viejo Karamazov no merece llamarse padre. El amor filial injustificado es absurdo. No puede suscitar amor el que no da nada; sólo Dios puede sacar de la nada algo.
«Padres, no irritéis a vuestros hijos», escribe el apóstol con el corazón inflamado de amor. Recuerdo estas santas palabras, no sólo por el padre de mi cliente, sino por todos los padres. ¿Quién me ha dado autoridad para aleccionarlos? Nadie.