Los hermanos Karamazov
Los hermanos Karamazov »Hace poco, en Finlandia, se acusó a una muchacha de haber dado a luz clandestinamente. La vigilaron y encontraron en el granero, oculta en un montón de ladrillos, su maleta y, dentro de esta maleta, el cadáver de un recién nacido. La propia madre era la autora del crimen. Se descubrieron los esqueletos de otros dos niños, a los que la misma madre había dado muerte después de haberlos traído al mundo, según confesó la propia culpable. ¿Es esto una madre, señores del jurado?
Tuvo hijos, pero ¿puede haber alguien que se atreva a aplicarle el santo nombre de madre? Seamos audaces, señores, seamos incluso temerarios. En este momento tenemos el deber de serlo. No debemos temer a ciertas expresiones ni a ciertas ideas; no imitemos a los mercaderes de Moscú, que temen a las palabras «metal» y
«azufre». Demostremos que el progreso de los últimos años ha influido en nosotros y digamos francamente: no basta engendrar para ser padre, hace falta además merecer este nombre. Sin duda, se da otro significado a la palabra padre, ya que se llama así al que ha engendrado hijos, aunque sea un monstruo y un enemigo declarado de ellos. Pero este significado es puramente místico, por decirlo así, choca con la inteligencia y sólo puede admitirse como artículo de fe.