Los hermanos Karamazov
Los hermanos Karamazov —¿De veras? Para haberlo confesado tan rápidamente es preciso que lo comprendas —dijo Rakitine con maligno júbilo—. Es una declaración preciosa, y más aún habiéndola hecho impensadamente. Por lo tanto, la sensualidad es para ti cosa conocida: ¡ya has pensado en ella! ¡Ah, la gatita muerta! Eres un santo, Aliocha, no cabe duda; pero eres también una gata muerta, y sólo el diablo sabe lo que no has pensado todavÃa y lo que dejas de saber. Eres k virgen, pero conoces el fondo de muchas cosas. Hace tiempo que lo vengo observando. Eres un Karamazov, un Karamazov de pies a cabeza. Por lo tanto, la raza y la selección significan algo. Tu padre te ha legado la sensualidad y tu madre la inocencia. ¿Por qué tiemblas? Eso prueba que tengo razón. ¿Sabes lo que me ha dicho Gruchegnka? «Tráemelo (se referÃa a ti) y yo le arrancaré el hábito.» Y, ante su insistencia, me he preguntado por qué sentirÃa tanta curiosidad por ti. Es una mujer extraordinariá, ¿sabes?
—Júrame que le dirás que no iré —dijo Aliocha con una sonrisa forzada—.
Acaba de decirme.lo que tengas que decir, Micha. En seguida te expondré yo mis ideas.