Los hermanos Karamazov
Los hermanos Karamazov Los amos de Ilia y otras muchas personas caritativas, comerciantes especialmente, habían intentado repetidas veces vestir a Isabel con decencia. Un invierno, incluso le pusieron una pelliza y unas botas. Ella se dejaba vestir dócilmente, pero después, en cualquier parte, con preferencia en el porche de la iglesia, se quitaba lo que le habían regalado —fuera un chal, una falda, una pelliza, un par de botas—, lo dejaba allí mismo y se iba, descalza y sin más ropa que la camisa, como siempre había ido.
Un nuevo gobernador, al inspeccionar nuestra localidad, quedó desagradablemente impresionado al ver a Isabel y, aunque se dio cuenta de que era una criatura inocente —y además así se le dijo—, declaró que una joven que iba por la calle en camisa era un atentado contra la decencia y que había que poner fin a aquello. Pero el gobernador se fue a Isabel siguió viviendo como vivía.