Los hermanos Karamazov
Los hermanos Karamazov —Cuando yo iba al colegio llevaba la cartera en el lado izquierdo. Asà la podÃa abrir y cerrar con la mano derecha.Tú la llevas en el lado derecho, lo que me parece una incomodidad. Aliocha, aunque sin pensarlo, habÃa iniciado la conversación con esta alusión a un detalle práctico. No debe proceder de otro modo el adulto que desee atraerse la confianza de un niño, y especialmente de un grupo de niños. Instintivamente, Aliocha habÃa comprendido que habÃa que hablar con toda seriedad y de cosas corrientes, a fin de colocarse en un plano de igualdad con aquellos muchachos.
—Es que es zurdo —contestó inmediatamente otro, que debÃa de frisar en los once años y cuya mirada expresaba resolución. Los otros cinco miraron a Aliocha.
—Tira las piedras con la mano izquierda —observó un tercero.
En este momento pasó una piedra junto a los niños, rozando al zurdo.
Afortunadamente, aunque arrojada con destreza y vigor, no habÃa dado en el blanco. La habÃa lanzado el niño que estaba al otro lado del riachuelo.
—¡Hala, Smurov! —gritaron todos—. ¡A él!