Los hermanos Karamazov
Los hermanos Karamazov “¡Aliméntalos y entonces podrás exigirles que sean virtuosos!”: he aquí la inscripción que figurará en el estandarte de la revuelta que derribará tu templo. En su lugar se levantará un nuevo edificio, una segunda torre de Babel, que sin duda no se terminará, como no se terminó la primera. Habrías podido evitar a los hombres esta nueva tentativa y miles de años de sufrimiento. Después de haber luchado durante mil años para edificar su torre, vendrán a vernos. Nos buscarán bajo tierra, en las catacumbas, como antaño, donde estaremos ocultos (porque otra vez se nos perseguirá) y nos dirán: “Dadnos de comer, pues los que nos prometieron la luz del cielo no nos la han dado.” Entonces terminarán su torre, pues para ello sólo hace falta alimentarlos, y nosotros los alimentaremos, haciéndoles creer que hablamos en tu nombre. Sin nuestra ayuda, siempre estarían hambrientos. No existe ninguna ciencia que les dé pan mientras permanezcan libres; por eso acabarán por poner su libertad a nuestros pies diciendo: “Hacednos vuestros esclavos, pero dadnos de comer.” Habrán comprendido al fin que la libertad no se puede conciliar con el pan de la tierra, porque jamás sabrán repartírselo. Y, al mismo tiempo, se convencerán de su impotencia para vivir libremente, por su debilidad, su nulidad, su depravación y su propensión a la rebeldía. Tú les prometías el pan del cielo. Y vuelvo a preguntar si este pan se puede comparar con el de la tierra a los ojos de la débil raza humana, eternamente ingrata y depravada. Millares, decenas de millares de almas te seguirán para obtener ese pan, ¿pero qué será de los millones de seres que no tengan el valor necesario para preferir el pan del cielo al de la tierra? Porque supongo que Tú no querrás sólo a los grandes y a los fuertes, a quienes los otros, la muchedumbre innumerable, que es tan débil pero que te venera, sólo serviría de materia explotable. También los débiles merecen nuestro cariño. Aunque sean depravados y rebeldes, se nos someterán dócilmente al fin. Se asombrarán, nos creerán dioses, por habernos puesto al frente de ellos para consolidar la libertad que les inquietaba, por haberlos sometido a nosotros: a este extremo habrá llegado el terror de ser libres. Nosotros les diremos que somos tus discípulos, que reinamos en tu nombre. Esto supondrá un nuevo engaño, ya que no te permitiremos que te acerques a nosotros. Esta impostura será nuestro tormento, puesto que nos habrá obligado a mentir. Tal es el sentido de la primera tentación que escuchaste en el desierto. Y Tú la rechazaste por salvar la libertad que ponías por encima de todo.