Los hermanos Karamazov
Los hermanos Karamazov «¿Pero qué sucede? ¿Por qué oscila la habitación...? ¡Ah, sÃ! Las bodas, la fiesta... No cabe duda de que a esto se debe todo... Ahà están los invitados, los jóvenes esposos, la alegre multitud. Pero, ¿dónde está el mayordomo...? ¿Qué pasa? La habitación oscila de nuevo... ¿Quién se levanta de la gran mesa? ¿Cómo?
¿También él está aquÃ? ¡Pero si estaba en el ataúd...! Se ha levantado, me ha visto, viene hacia mÃ... ¡Dios mÃo...!»
SÃ, el viejecito seco, de rostro surcado de arrugas, se acerca a Aliocha, sonriendo dulcemente. El ataúd ha desaparecido. El starets va vestido como el dÃa anterior, cuando estaba reunido con sus visitantes. Tiene la cara descubierta, sus ojos brillan. ¿Es posible que también él tome parte en el festÃn, que le hayan invitado a las bodas de Caná?
El padre Zósimo dice con su dulce voz:
—Estás invitado, querido, en toda regla. No tienes por qué permanecer en este rincón donde nadie te ve... Ven a nuestro lado.
Es su voz, la voz del starets Zósimo. ¿Cómo no ha de ir Aliocha con él, cuando él se lo dice? El starets le coge la mano y Aliocha se levanta.