Los hermanos Karamazov
Los hermanos Karamazov —¿A quién se le ha ocurrido nombrarme juez en este asunto? —se limitó a preguntar a Aliocha con una sonrisa.
Ante el anuncio de esta reunión, Aliocha se sintió profundamente inquieto. El único de los asistentes que podÃa tomar en serio la conferencia era Dmitri. Los demás acudirÃan para divertirse y su conducta podÃa ser ofensiva para el starets.
Aliocha estaba seguro de ello. Su hermano Iván y Miusov irÃan al monasterio por pura curiosidad, y su padre para hacer el payaso. Aunque Aliocha hablaba poco, conocÃa a su padre perfectamente, pues, como ya he dicho, este muchacho no era tan cándido como se creÃa. Por eso esperaba con inquietud el dÃa señalado. No cabÃa duda de que sentÃa verdaderos deseos de que cesara el desacuerdo en su familia, pero lo que más le preocupaba era su starets. TemÃa por él, por su gloria; le desazonaba la idea de las ofensas que pudieran causarle, especialmente las burlas de Miusov y las reticencias del erudito Iván. Pensó incluso en prevenir al starets, en hablarle de los visitantes circunsanciales que iba a recibir; pero reflexionó y no le dijo nada.