Los hermanos Karamazov
Los hermanos Karamazov Mitia no cesaba de apremiar al cochero mientras imaginaba un nuevo plan
«infalible» para procurarse aquel mismo dÃa «el maldito dinero».
—¡A quien se diga que el destino de un hombre puede depender de tres mil miserables rublos...! —exclamó desdeñosamente—. ¡Todo quedará resuelto hoy!
Si el recuerdo continuo a inquietante de Gruchegnka no se hubiera adueñado de él, incluso se habrÃa sentido feliz. Pero ese recuerdo lo apuñalaba a cada instante.
Al fin llegó a la ciudad y corrió a casa de Gruchegnka.
CAPITULO III