Los hermanos Karamazov
Los hermanos Karamazov —¡Por Rusia! ¡Hurra!
Todos bebieron menos los panowie. Gruchegnka vació su vaso de un trago.
—¿Qué hacen ustedes, panowie?
Pan Wrublewski levantó su vaso y dijo con voz aguda:
—¡Por Rusia en sus límites de mil setecientos setenta y dos!
—O te bardzo picknie! —aprobó el otro pan.
Bebieron los dos.
—¡Son ustedes unos imbéciles, panowie! —estalló Mitia.
— Panie! —exclamaron los dos polacos irguiéndose como gallos.
El más indignado era pan Wrublewski.
—Ale nie moznomice slabosc do swego kraju? .
—¡Silencio! ¡No quiero riñas! —exclamó enérgicamente Gruchegnka dando con el pie en el suelo.
Tenía la cara encendida y los ojos llameantes. La bebida había hecho efecto.
Mitia se asustó.
—Perdónenme, panowie. Toda la culpa es mía. Pan Wrublewski, no lo volveré a hacer.
—¡Calla y siéntate, imbécil! —ordenó Gruchegnka.
Todos se sentaron y se estuvieron quietos.