Memorias de la casa muerta
Memorias de la casa muerta Ya sabÃamos que todos los campesinos de la zona estaban movilizados, que todos los lugares sospechosos, todos los bosques, todos los barrancos estaban vigilados.
—TonterÃas —decÃan burlonamente los presos—, seguro que ellos cuentan con alguien que ahora les tiene acogidos.
—¡Sin duda! —añadÃan otros—, menudos son ellos, todo lo tenÃan previsto de antemano.
Las conjeturas iban aún más lejos: empezaron a decir que a lo mejor los evadidos estaban todavÃa en el arrabal, en algún sótano, esperando a que pasara la alarma, al tiempo que les volvÃa a crecer el pelo. PodÃan vivir ahà seis meses, o un año, y después marcharse…