Memorias de la casa muerta
Memorias de la casa muerta En resumen, en la misma medida en que antes habían ensalzado a Kulikov y A…v, ahora los echaban por tierra, no sin satisfacción. Como si los dos fugados hubiesen ofendido a todos los demás. Se contaba en un tono despectivo que habían sentido unas ganas terribles de comer, que no habían sido capaces de soportar el hambre y que habían entrado en una aldea para pedir allí pan. Esto constituía el máximo grado de humillación para un vagabundo. La verdad es que estos relatos no eran auténticos. Habían dado con el rastro de los evadidos; éstos se ocultaron en un bosque, pero el bosque fue rodeado por todas partes. Al ver que no tenían ninguna posibilidad de salvación, ellos mismos se entregaron. No podían hacer otra cosa.
Pero cuando efectivamente los trajeron al atardecer, atados de pies y manos, entre guardianes, todo el presidio se precipitó a la empalizada para ver qué iban a hacer con ellos. Claro está que no pudieron ver nada, aparte del coche del mayor y del comandante junto al cuerpo de guardia. Los fugados permanecieron incomunicados, fueron encadenados y, al día siguiente, se presentaron ante un consejo de guerra. Las burlas y el desprecio de los presidiarios se desvanecieron rápidamente. Conocieron más detalles del asunto: supieron que no tenían más alternativa que la de entregarse, y se pusieron a seguir con todo interés la marcha del consejo de guerra.