Memorias del subsuelo
Memorias del subsuelo Pero sin duda, estaba tan grotesco cuando desafié a Ferfitchkin, y el contraste de mis palabras con mi aspecto era tan extraordinario, que todos, incluyendo a Ferfitchkin, lanzaron una carcajada mientras se agitaban en sus asientos.
—En fin, déjenlo. Está borracho perdido —dijo Trudoliubov con una mueca de disgusto.
—Nunca me perdonaré haber consentido que viniera —rezongó Simonov.
«Ha llegado el momento de arrojarles una botella a la cabeza», pensé asiendo una botella que no estaba vacÃa… Pero lo que hice fue llenar de nuevo mi vaso.
«No —les dije con el pensamiento—. Me quedaré hasta el fin. Ustedes se alegrarÃan de que los librara de mi presencia. ¡Pero no lo haré por nada en el mundo! Me quedaré y continuaré bebiendo para hacerles comprender claramente que no doy a esto ninguna importancia. Me quedaré y beberé, porque estamos en el restaurante y he pagado mi parte. Me quedaré y seguiré bebiendo, porque para mà son ustedes simples muñecos. Es más, considero que no existen. Beberé. Cantaré si se me antoja. SÃ, cantaré; tengo perfecto derecho a cantar…»