Memorias del subsuelo
Memorias del subsuelo Me explicaré. La voluptuosidad procedÃa, en este caso, de que me daba clara cuenta de mi humillación, la cual procedÃa del convencimiento de haber llegado al lÃmite. «Tu situación es abominable —me decÃa a mà mismo—, pero no puede ser otra; no tienes ninguna salida; no podrás cambiar nunca, porque, aunque tuvieras el tiempo y la fe necesarios para ello, no querrÃas convertirte en otro hombre. Por otra parte, aunque quisieras cambiar, no podrÃas. ¿En qué otra cosa te transformarÃas? ¡Quizá no hay ninguna!»
Pero lo esencial —y esto pone fin a la cuestión— es que todo se realiza de acuerdo con las leyes fundamentales y normales de la conciencia refinada, y mana de ella directamente, tanto, que es por completo imposible no sólo cambiar, sino, generalmente, reaccionar de algún modo. La conciencia refinada nos dice, por ejemplo: «Tienes razón, eres un canalla». Pero el hecho de que yo pueda comprobar mi propia condición canallesca no me consuela lo más mÃnimo de ser un canalla. ¡En fin, basta ya! ¡Cuántas palabras, Dios mÃo! Pero ¿qué he explicado? ¿De dónde proviene esa voluptuosidad? Sin embargo, me interesa explicarlo todo. Iré hasta el fin. Para eso he tomado la pluma…