Nietochka Nezvanova
Nietochka Nezvanova Tras de su segundo matrimonio, la princesa encontró que le estorbaba mucho su hija mayor. No podía esperar para ella un partido brillante, pues su dote era muy modesta. Por fin, hacía cuatro años la habían casado con un hombre muy rico que ostentaba una alta situación. Alejandra Mijailovna había ingresado en otra sociedad y frecuentaba otro mundo. La princesa acudía a verla dos veces al año; el príncipe, su padrastro, todas las semanas, y llevaba, además, consigo a Catalina. En la última época, a la princesa no le agradaba que Catalina fuese a casa de su hermana, y el príncipe la llevaba a escondidas. Las dos hermanas se denotaban muy diferentes de carácter.
Alejandra, Mijailovna era una joven de veintidós años, tranquila, afectuosa; una especie de tristeza resignada emanaba de su bello rostro. La seriedad y la gravedad se retrataban en sus angelicales facciones como el desconsuelo en las del niño. No se la podía mirar sin experimentar una profunda simpatía hacia ella. Estaba pálida, y durante la época en que la vi por primera vez se decía que se hallaba predispuesta a la tisis. Vivía aislada y no le gustaba recibir a nadie ni salir.