Nietochka Nezvanova
Nietochka Nezvanova Coloqué el libro en su sitio, volví a cerrar la biblioteca, y con la epístola en el pecho, corrí hacia mi habitación. Me encerré en ella y comencé a leer de nuevo la carta. Mi corazón latía tanto, que las palabras danzaban ante mis ojos. Necesité largo rato para empezar a enterarme. Aquella misiva me descubría una parte del misterio. Me hirió como un rayo, pues comprendí a quién iba dirigida. Sabía que, leyendo aquella carta, casi cometía un crimen; pero mi curiosidad era más fuerte que yo. La carta estaba dedicada a Alejandra Mijailovna. Comprendí con vaguedad lo que contenía, y durante mucho tiempo obsesionó penosamente mi imaginación. Desde aquel día comenzó para mí una nueva vida. Mi corazón acababa de ser conmovido para luengos años, casi para siempre. Había adivinado con precisión mi porvenir.