Nietochka Nezvanova
Nietochka Nezvanova ¡Oh! ¿Cómo explicártelo? ¿Cómo hacértelo comprender?… Al principio, no creà en ello… ¿Te acuerdas de que cuando mi primera emoción fue calmada, cuando mi primera mirada se iluminó, cuando no quedaba más que un solo sentimiento —el más puro—, entonces mi primer gesto fue de asombro y de miedo? ¿Recuerdas cómo, sollozando, de improviso me arrojé a tus pies?… ¿Recuerdas cómo, confusa, asustada, con lágrimas en los ojos, me preguntaste qué tenÃa?… Me callé; no podÃa responderte; pero mi alma se desgarraba, mi felicidad me oprimÃa como una carga insoportable, y mis sollozos decÃan en mÃ: ¿Por qué? ¿Por qué he merecido esto? ¿Por qué he merecido la felicidad? ¡Oh! ¡Cuántas veces —tú lo sabÃas—, cuántas veces, a escondidas, besé tu ropa, porque me consideraba indigno de ti!… Y entonces, mi corazón latÃa despacio, con fuerza, como si quisiera detenerse para siempre… Cuando estrechaba tu mano, me tornaba pálido y tembloroso. Me encontraba turbado por la pureza de tu alma.