Pobre gente
Pobre gente Bueno, vamos a ver: ¿qué piensa usted de nuestra idea, me refiero al visillo de su ventana, Várinka? Magnífica, ¿no es verdad? Cuando yo me siente para escribir, o me acueste, o me levante, siempre podré saber así si usted me lleva todavía en el pensamiento y se acuerda de mí, y también si está usted buena y alegre. Si deja caer el visillo, querrá decir: «Buenas noches, Makar Aleksiéyevich, ¡ya es hora de irse a la cama!». Si lo vuelve a levantar, será para decir: «¡Buenos días, Makar Aleksiéyevich! ¿Cómo pasó la noche, Makar Aleksiéyevich? ¡Yo, gracias a Dios, estoy muy bien y muy contenta!».
Ya ve usted, amiguita, qué delicada resulta la idea. ¡De este modo no necesitamos escribirnos! ¿Verdad que está muy bien pensado? ¡Pues he sido yo el inventor de esta idea tan sutil! ¿Y ahora, Varvara Aleksiéyevna, dirá usted todavía que no tengo imaginación?