Pobre gente
Pobre gente Pero lo mejor hubiera sido no haberlo hecho morir al pobrecillo, sino haber arreglado las cosas de suerte que hubiera parecido su capa y que Fiodor Fiodórovich…, pero ¡qué digo!…, que aquel alto jefe hubiese estado más al tanto de sus virtudes y lo hubiese empleado en su oficina, destinándolo a un alto puesto y aumentándole el sueldo, de modo que hubiese quedado castigado el malo y la virtud triunfante… ¡Asà sus compañeros de oficina habrÃan sentido envidia de él!
SÃ; yo, por ejemplo, asà lo hubiera hecho, pues asà como está escrita…, ¿qué tiene de particular ni de bella la novela? ¡Se reduce, sencillamente, a un ejemplo de la humilde vida cotidiana! Y ¿cómo ha podido usted decidirse a enviarme a mà semejante libro? ¡Es un libro maligno, un libro perjudicial, como usted lo oye, Várinka! ¡Es, sencillamente, infiel a la verdad, pues es totalmente imposible que en parte alguna pueda encontrarse un empleado como ése! ¡No; tengo que quejarme, Várinka; tengo que quejarme sencilla y expresamente!
Su seguro servidor,
Makar Dievuschkin
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27 de julio