Crimenes celebres. Los Borgia
Crimenes celebres. Los Borgia Así que, como hemos dicho, aquella multitud tenía los ojos clavados en el Vaticano, concretamente en una chimenea de donde debía salir la primera señal, cuando, de repente, al toque del Ave María, hora en que el día llega a su ocaso, la multitud prorrumpió en grandes gritos y carcajadas, discorde murmullo de amenazas y sarcasmos: acababa de divisar en la cima de la chimenea una pequeña hilera de humo que, como ligera nube, parecía elevarse al firmamento. Esta humareda anunciaba que Roma seguía sin dueño y el mundo sin papa: las papeletas de escrutinio se estaban quemando; era la prueba de que los cardenales no se habían puesto de acuerdo.