De Paris a Cadiz
De Paris a Cadiz Tiene que saber, Madame, que Giraud posee una sirvienta, encantadora y excelente mujer que le dió, pronto hará ocho años, ese adorable niño rubio que usted admiró en la exposición, mientras jugaba con un perro, otro lebrel, también muerto, pero no de cansancio sino de indigestión. El niño, además de un hermano menor, de veinticuatro años, que explora las islas Marquesas, y una vieja madre de setenta años, son los tres seres privilegiados en el corazón de Giraud que componen su familia. Por lo tanto, es completamente natural que de cuando en cuando piense Giraud en su familia. Sólo que las emociones que hace nacer en él este pensamiento se manifiestan de distinta manera según la hora del dÃa y las circunstancias en que se presentan. AsÃ, por la mañana, Giraud no piensa en su familia del mismo modo que por la noche: esto se debe a que por la mañana está en ayunas y por la noche ha cenado ya. Y como todo el mundo sabe, nada cambia tanto el aspecto de las cosas como el verlas con el estómago vacÃo o con el estómago lleno. Giraud es exasperante, pues, cuando piensa en su familia por la mañana; y adorable cuando piensa en su familia por la noche.