De Paris a Cadiz
De Paris a Cadiz En suma, estaban llegando, y al llegar se enteraban de que yo también había llegado. Se habían puesto a buscarme de inmediato, y por un excelente azar, habían venido a darse de narices contra mi coche. Lo primero que les dije, después de abrazarlos, fue: «Vendrán a Argelia conmigo, ¿verdad?». Se miraron los dos. Ya hacía un mes que hubiesen debido estar en Francia. Desbarolles soltó un suspiro. Giraud elevó sus manos al cielo y murmuró: «¡Mi pobre familia!».