De Paris a Cadiz
De Paris a Cadiz —¡Oh! ¡Oh!
—Mi querido amigo —dije a Giraud que volvÃa, fusil en mano, seguido de Desbarolles, Maquet, Achard y Alexandre, que llevaban también sus fusiles—, mi querido amigo, he aquà el maestre Calisto Burguillos, que tiene la amabilidad de cedernos este cuarto de oveja. Dame tu fusil; pregúntale el precio del cuarto de oveja, págalo generosamente, desengánchalo diestramente, y córtalo prolijamente.
—Esos tres adverbios combinan admirablemente —dijo Desbarolles acercando la carabina al hogar.
—No demasiado cerca, mi querido, no demasiado cerca —dijo Achard—; usted sabe que los fusiles están cargados.
—¿Cuánto el cuarto de oveja? —preguntó Giraud pasándome su fusil y tomando la cuchilla que estaba sobre la tabla de cocina.
—Dos duros —respondió el maestre Calisto Burguillos, un ojo sobre los fusiles y el otro sobre su cuarto de oveja.
—Dale tres duros, Giraud.