De Paris a Cadiz
De Paris a Cadiz Toledo, 23 de octubre por la noche.
El día se alzó grisáceo, envolviendo el sol con un manto de nubes que parecía tomado en préstamo, en nuestro honor, al cielo de la hermosa Francia; por mi parte, me alegró: me parecía que El Escorial debía verse con un tiempo como éste. Al llegar al recodo del camino pudimos ver el coloso sepulcral: es muy digno, en verdad, del hombre que elige un desierto como capital y una tumba como palacio.
Usted sabe cómo fue construido El Escorial, ¿verdad, Madame? Un día, hacia comienzos de 1559, Felipe, que estaba sitiando Saint Quentin, fue forzado a dirigir contra la iglesia de San Lorenzo una batería de cañón que ocasionó grandes daños a la pobre iglesia. Felipe temió que el santo se enojara al ver que su morada era tratada de ese modo, e hizo el voto de construirle otra bajo la misma invocación, más rica y más grande que aquella que él mismo demolía. Una vez tomada Saint Quentin, quiso incluso hacer más de lo que prometió, e impuso a su arquitecto, Juan Bautista, la extraña obligación de dar a su monumento la forma de una parrilla acostada. Contra la costumbre de los reyes, Felipe II cumplió esta vez más de lo prometido.
