De Paris a Cadiz
De Paris a Cadiz A la hora convenida, saludé con un último adiós la casa de monsieur Monnier, la plaza de Alcalá, la Puerta de Toledo, y salimos de Madrid. La ruta bordea las orillas del Tajo, acompañado en todo su curso por una línea de vegetación, tanto más notable porque se perfila en medio de inmensas llanuras de arena y de maleza. No sé si tomamos la ruta correcta o si, para hacernos ganar algunos kilómetros, nuestro mayoral tomó una ruta caprichosa; lo que sé es que hicimos la mitad del camino a pie, conmovidos de piedad por los infortunados animales que tiraban de nuestro coche, y a los que en dos o tres ocasiones, atascados como estaban en la arena o las huellas, hasta llegamos a arrimarles el hombro, una ayuda que al parecer no les fue indiferente.
En cada una de esas circunstancias, debo agregar además que el pobre don Riego profería grandes lamentos, quejándose del estado vial de España, y haciéndose dar las indicaciones más exactas sobre el estado vial de Francia, lo cual probaba que, pese a su edad avanzada, no había perdido el deseo de instruirse.