De Paris a Cadiz
De Paris a Cadiz Aranjuez, 25 de octubre.
El coche se puso en marcha a su vez, detrás de nosotros, iluminado por una única linterna ubicada en el centro de la imperial a la manera de un cairel. Poco a poco se elevaba, además, la luna creciente, arrojando un suave y bello resplandor sobre el paisaje. Un paisaje casi pavoroso a fuerza de grandiosidad. A nuestra derecha, lo bordeaban unos montÃculos cargados de hierbas espinosas, en medio de los cuales se veÃa brillar, aquà y allá, grandes lagos de arena. A nuestra izquierda se extendÃa desmesuradamente, y la vista no podÃa sondear las profundidades del horizonte. Sólo una lÃnea de árboles que, a mil pasos de nosotros, se destacaba sobre el paisaje en sombras más oscuras, señalaba el curso del Tajo. Aquà y allá, una porción del rÃo se encontraba a descubierto y, parecido a un espejo, devolvÃa a la luna los rayos que recibÃa de ella. La ruta se extendÃa ante nosotros, arenosa y amarilla, como una cinta de cuero.
