De Paris a Cadiz
De Paris a Cadiz Habían hecho levantar a Alexandre, pero no habían ganado nada. Alexandre se había apoderado de una garita vacía y completaba su noche. Aranjuez tiene la pretensión de ser el Versalles de Madrid. Hay un punto en que Aranjuez le gana a Versalles, y es el de la soledad. Nada vino pues a molestarnos en la contemplación de las bellezas de Aranjuez, y pudimos admirar, uno tras otro, los doce trabajos de Hércules, tallados en mármol en la plaza del castillo, sin que un solo transeúnte desviara nuestra mirada.
Una de las dos fuentes que brotan en medio de la plaza está ornada con un sol que nos recordó vivamente a la luna. Dejamos a Alexandre en su garita y nos encaminamos al parque. Para llegar a él, se atraviesa el Tajo por un puente de piedras diseminadas en las orillas del río. Un grupo de lavanderas aclaraba la ropa a grandes golpes de batidor, y casaba de un modo pintoresco con el paisaje. Nos paseamos una hora bajo árboles maravillosos. Si nos hubiesen dicho, doce horas antes, que habríamos de pasearnos con algún placer, seguramente no habríamos querido creerlo.