De Paris a Cadiz
De Paris a Cadiz En efecto, Madame, ignorábamos una cosa, y es que en España los coches no se aventuran nunca por la noche en los grandes caminos o, mejor dicho, sólo se aventuran en ellos entre las tres de la mañana y las diez de la noche. Tan es así, Madame, que habíamos partido todos hacia ese bello país de mentiras llamado sueño, cuando nos despertó con sobresalto el anuncio de que cenaríamos y pasaríamos la noche en Ocaña.
El nombre me impresionó. Recordé haber visto en mi infancia imágenes iluminadas con groseras pinceladas que representaban la Batalla de Ocaña, ganada o perdida, ya no lo recuerdo, por Su Majestad el emperador y rey, o por uno de sus generales. En esa imagen formaba un ejército francés, pintado con un solo trazo negro para los bonetes de piel, un trazo azul para los trajes y uno blanco para los pantalones. En cuanto a los españoles, eran amarillos.