De Paris a Cadiz
De Paris a Cadiz Al contrario de las otras ciudades de España, Granada envía algunas de sus casas al encuentro de los viajeros. Una legua antes de abordar la ciudad reina, encontramos sobre la ruta, como pajes y damas de honor que preceden a su ama, una multitud de edificios que parecen tomar a la llanura misma por sus jardines; finalmente, esas casas se reúnen, se apiñan, forman una masa compacta; franqueamos un cinturón de murallas, estamos en Granada.
Con este lindo nombre de Granada, Madame, ya ha construido usted en su imaginación una ciudad de la Edad Media, mitad gótica, mitad morisca. Eleva sus minaretes hasta el cielo, abre sus puertas en ojivas orientales y sus crucetas en forma de trébol sobre calles sombreabas por bóvedas de brocado. Pero, ¡ay!, Madame, disperse con un soplido ese encantador espejismo, y conténtese con la pura y simple verdad, la pura y simple verdad es suficientemente bella.