De Paris a Cadiz
De Paris a Cadiz Viajero que sigues lentamente las sendas
Del viejo Generalife de ábsides recamadas,
Viajero que adormece el arrullo de las cascadas,
Que su enramada de jazmines y rosas embriaga;
El cáliz constelado de maduras granadas,
Sobre tu frente soñadora rubíes desgrana:
La naranja amorosa acaricia tus ropas,
¿Qué quieren estos perfumes? Estos murmullos ¿de qué hablan?
El agua que tiembla, la flor que besa tus rodillas,
El ave canora, los tejos que abren su oscura mansión
Al azur, y la sombra que el mármol
Derrama, te dicen: viajero, no partas.
Cada cosa en este lugar trata de retener tu alma.
Desconfía del mágico sonido del ciprés,
Del arroyo que te halaga y se burla después,
Del sol que te bebe con sus labios de llamas.
Desconfía del canto de sirenas de aquí,
Que podría impedir que tú oyeras, viajero,
La voz triste y tierna que advierte allá lejos:
Aquellos que olvidas te olvidarán a ti.[78]