De Paris a Cadiz
De Paris a Cadiz Hasta los pintores dejaron sus dibujos para el día siguiente, y dejamos el Generalife para ir a la Alhambra. Retomamos el mismo camino que habíamos recorrido al venir. En realidad, Madame, parecía que para retenernos en estos otros jardines de Armida las flores surgieran más coloreadas y fragantes que nunca; los racimos de uva, las naranjas, las granadas, hacían una bóveda al alcance de nuestra mano. ¡Oh!, no vaya a venir aquí, Madame, usted que goza de una completa libertad de tiempo, de fortuna y de corazón, no venga, ya no volveríamos a vernos allí donde estamos, nosotros sí, obligados a regresar.
Adiós, Madame, o mejor, hasta pronto. Si no temiera que me tomase por un loco, recogería la primera flor que viniese a mi encuentro y se la enviaría; tal vez ella le diría mejor que yo lo que se experimenta en este paraíso del mundo donde ha nacido y que, por desgracia, yo sólo visito de paso.