De Paris a Cadiz
De Paris a Cadiz Entramos en una o dos de esas cavernas que se alquilan o se venden como verdaderas casas; una anciana, que vivía con su hija en un simple agujero, al preguntarle cuánto pagaba al año por ese agujero, respondió que pagaba una peseta…, es decir, un franco, y así y todo, a pesar de la exigüidad de la suma, estaba por ser desalojada debido al retraso en dos pagos, es decir, por cincuenta centavos.[83] Alexandre hizo venir al propietario, le pagó diez años por adelantado, y entregó a la pobre mujer un recibo formal por esos diez años. Los dos pagos atrasados estaban incluidos en el recibo, a modo de descuento.
Cuando estuvimos cansados de conversar, de ver y bocetar, tomamos un pequeño sendero a la derecha, nos adentramos en un fresco valle bajo las copas sucesivas de los pámpanos y los granados, y alcanzamos la ladera de la montaña opuesta, sobre la cual está construida la ciudad alta de Granada, es decir, la ciudad morisca.